Reseña: Una habitación propia.

Empiezo la sección de reseñas con este ensayo imprescindible sobre el espacio (literal y ficticio) que necesitan las mujeres para escribir en un mundo dominado por hombres. Como escritora y feminista, si había que empezar por algún sitio, es por aquí.

 

habitacion propia
Ayuda bastante que la edición de Austral sea de esas que no puedes dejar una vez que las ves en la mesa de la librería.

Virginia Woolf hace un repaso a la historia de las mujeres en la literatura cuando solo hacía nueve años que se les había concedido el derecho al voto. Va desgranando una historia, desde las trabas que tiene una mujer para acceder al conocimiento hasta inventarse a una hermana de Shakespeare, con su mismo talento pero ninguna de sus oportunidades para triunfar, para contarnos las dificultades añadidas de una mujer para dedicarse a la novela.

«Yo me aventuraría a pensar que el Anon (anónimo), quien escribiera tantos poemas sin firmarlos, fue a menudo una mujer.»

La rabia se acumula mientras Virginia habla de esa joven ficticia a la que nadie toma en serio pese al gran talento que tiene, de la falta de acceso a la educación de las mujeres a lo largo de la historia o de la opinión de los intelectuales que ven en las mujeres un intelecto inferior al de los hombres. Repasa el uso de las mujeres como personajes en la literatura, tan perfectas y tan válidas a ojos de los hombres que las escriben y tan alejadas de la imagen real que tienen estos después de ellas. Consuela un poco el repaso a la carrera de algunas escritoras que sí consiguieron ser reconocidas, pese a tener que escribir en una habitación común con todas las interrupciones que ello conlleva. ¿Cómo podían las hermanas Brontë o Jane Austen escribir sin un espacio propio? ¿A dónde habrían llegado en su obra si hubiesen tenido las facilidades de otros escritores de su época?

«Démosle una habitación propia y quinientas libras al año, dejémosle decir lo que quiera y omitir la mitad de lo que ahora pone en su libro y el día menos pensado escribirá un libro mejor.»

Según esta entrada, esas 500 libras anules de 1928 se traducirían en un valor equivalente a 25 mil en la actualidad (tomando como punto de referencia la inflación del coste de bienes) o unas 75 mil libras (tomando como referencia la subida en los sueldos de la población trabajadora). Es decir, que estamos hablando de vivir cómodamente (aunque sin grandes lujos en el primer supuesto), y poder dedicar el tiempo a escribir en lugar de depender de otros o tener que buscar un trabajo alimenticio además de la escritura. Como dice la propia Virginia, «uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien».

Lo más sorprendente de este ensayo (o quizá no tanto) es lo actual que es pese a que tiene casi 100 años. Las mujeres lo tienen mucho más fácil hoy en día, me diréis. Hombre, ¡faltaría más! Y, sin embargo, ¿cuántas mujeres pueden aspirar a vivir de la literatura si siguen haciendo falta iniciativas para visibilizarlas como Adopta una Autora? Y no solo hablamos de literatura. Para que las mujeres puedan hablar de ciencia o de economía o de filosofía sigue haciendo falta que se les de un espacio propio, un pestillo para encerrarse en su habitación, real o ficticia, y alejarse de los cuidados familiares que recaen sobre ellas en gran medida.

De todo lo anterior y mucho más habla Virginia Woolf en el ensayo, usando un humor fino y mucha ironía para repartir caña por todas partes y que se te pasen las 160 páginas volando.

 


La ficha.

Una habitación propia (Virginia Woolf).

virginia-fry
Virgina Woolf pintada por Roger Fry en 1917.

Editorial: Austral.

Páginas: 160.
Sinopsis:

En 1928 a Virginia Woolf le propusieron dar una serie de charlas sobre el tema de la mujer y la novela. Lejos de cualquier dogmatismo o presunción, planteó la cuestión desde un punto de vista realista, valiente y muy particular. Una pregunta: ¿qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas? Una sola respuesta: independencia económica y personal, es decir, Una habitación propia. Sólo hacía nueve años que se le había concedido el voto a la mujer y aún quedaba mucho camino por recorrer.

Son muchos los repliegues psicológicos y sociales implicados en este ensayo de tan inteligente exposición; fascinantes los matices históricos que hacen que el tema de la condición femenina y la enajenación de la mujer en la sociedad no haya perdido ni un ápice de actualidad.

Partiendo de un tratamiento directo y empleando un lenguaje afilado, irónico e incisivo, Virginia Woolf narra una parábola cautivadora para ilustrar sus opiniones. Un relato de lectura apasionante, la contribución de una exquisita narradora al siempre polémico asunto del feminismo desde una perspectiva inevitablemente literaria.

 

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